Lo que es, no existe.

-Un tratamiento a las paranoias humanas-



Todo lo que es no tiene lugar en el momento existente. Todo lo que es, es sólo una imagen, un concepto, para nosotros los humanos: una formulación humana. Si no hubiera seres en la tierra que anduvieran determinando lo que es, lo que algo necesita para ser ese algo y no otra cosa, nada sería. Solo habría existencia, sin nadie que determine que algo fuera algo, y que ese algo estuviera sucediendo, haya sucedido o fuera a suceder.

Partimos de que sabemos que "hay cosas en la existencia" que para nosotros "existen" realmente: de la biología, la física o la química, hemos palpado, imaginado, generado conocimientos y conceptos que nos parecen innegables... ¡hasta a veces podemos percibirlo directamente con nuestros sentidos, cómo no van a existir!, máxime si hemos logrado realizar mediciones sobre sucesos, a través del método científico, con instrumentos de medida al margen del humano, que corroboran que hay cosas que existen de forma tan descaradamente fehaciente que ha logrado convencernos y no nos queda más que rendirnos ante ese hecho.

 Aunque sea un ejercicio difícil, dudemos también, por un momento, de las cosas que creemos que existen

En este ejercicio evitaremos  ir por la línea de Descartes, dudando de la realidad, él concluyó en el famoso "Cogito, ergo sun", "Pienso, luego existo". Para él, la única muestra inequívoca de existir era que su propio pensamiento sucedía. No vamos a dudar que la existencia ocurra, con o sin nosotros.

El ejercicio que vamos a hacer, desde luego sin pretender invalidar o compararse con otras obras, tiene otra perspectiva. Se acerca más a la corriente fenomenológica, aquella que estudia cómo se manifiesta la experiencia en la consciencia antes de interpretarla mediante teorías, creencias o explicaciones externas.

Podría resumirse en que cuando pienso modifico mi experiencia existencial. Mientras nuestro pensamiento fluye, y a más complejo más ocurre, se genera una especie de capa entre la propia existencia y mi experiencia de manera que modula o cambia lo que percibo, degradando la existencia que realmente acontece.

Notemos que cuando leemos, por ejemplo, "el esbelto ciervo reposaba junto al árbol" la propia lectura implica simbolismo, abstracción, una imagen, una idea mental, un flujo de información, ¿estás cien por cien en la existencia en este momento? Cuando has leído la frase del ciervo y el árbol  ¿eras consciente de los sonidos y olores de tu entorno? La abstracción nos permite alimentar nuestro afán de entendimiento, analizar y solucionar problemas, pero lo hace a costa de mermar la experiencia. 

Pulpos pueden saborear a través de sus tentáculos. Humano, tú que conoces el sentido del gusto, párate a abordar por un segundo cómo sería sentir sabores en numerosos brazos llenos de papilas gustativas.

Plantas que parecen sentir de algún modo su entorno e imitan la forma de otras plantas cercanas a ellas, otras las esquivan sin llegar a tocarse, animales que sienten los campos electromagnéticos de otros ¡esto no podemos ni imaginar cómo sería sentirlo!. Murciélagos y delfines recrean mapas acústicos. Insectos que ven en dimensiones distorsionadas y también seres con todo tipo de gamas cromáticas en su visión.

Una ave, sensible a campos magnéticos terrestres y a cambios de luz que reciben en el contorno de sus ojos, sabe bastante acerca de la cosa que nosotros llamamos Norte, sin embargo, la cosa norte para pájaro no se parece prácticamente en nada a la cosa norte para humano. La cosa norte de humano, como el resto de cosas de humano, son sólo cosa suya.


El momento existente, lo que ocurre

a

cada

instante


está fuera del concepto del tiempo y del espacio.

Tiempo y espacio también son imágenes creadas, ya que "son": forman parte de nuestro constructo de realidad. El tiempo y el espacio, al igual que el resto de "cosas", para que sean hay que plantearlos desde un lugar distinto a la propia existencia...

... al ... propio ... momento,

separándonos de ella, yéndonos al pasado o al futuro para determinar que "es", que sucede, conceptualizarlo, imaginarlo…; el tiempo es para nosotros porque tiene unas cualidades definidas por nosotros que necesita para ser; el espacio es cuando cumple con las cualidades determinadas por nosotros también. 

El orden de los hechos podría ser este: la existencia sucede, nosotros percibimos parte, y después, la conceptualizamos. En este sentido es donde las imágenes, esos conceptos, están fuera de la existencia misma, sólo están en nuestra mente.

Las cosas que son para nosotros sólo son así para nosotros. Ya en el plano físico la misma cosa tiene cientos o miles de formas de ser dependiendo del ser que lo interpreta, lo que es para unos puede no ser lo mismo para otros, y lo que es para el humano es solo una forma más, dentro de todas las formas posibles, de ser algo que esté existiendo.

Dentro del momento presente en estos términos todo es posible, ya que nada es aún (en el momento presente antes de que alguien lo determine), puede ser cualquier cosa en potencia: proto-cosas, proto-realidades. Son numerosas las posibilidades en las que puede manifestarse la existencia, y con cada pensamiento y acto conducimos la manifestación de una forma de existencia concreta influenciando, de forma incalculable, sobre el devenir de la existencia misma, de nuestra propia experiencia y de nuestra realidad como constructo social.

Y todo esto son imágenes también, sobre imágenes, no nos olvidemos.

Cuando hablamos de cosas se nos va la mente a nuestra realidad física, pero aquí quiero hablar de algo más allá, porque hay cosas que no tienen representación física (no están en la existencia misma) y sin embargo existen para nosotros.

No hay necesidad de irnos al extremo, a por ejemplo pensar que si dejo de creer en el concepto sólido de "puerta" podré atravesarla. No hablamos ahora de moldear el mundo físico a nuestro antojo o poseer superpoderes. Centremos mejor el foco en las imágenes que nos dañan. Lleguemos a eliminar los miedos innecesarios, quizá nos sorprendamos enormemente de las repercusiones en todos los ámbitos de nuestra realidad y las que tendrá en la propia existencia. En el ejercicio de quitar los miedos intentemos hacerlo generando el menor número posible de imágenes nuevas para conseguirlo.

Un animal con sistema nervioso más simple que el del humano puede tener la conciencia suficiente para identificar un árbol y saber, por ejemplo, que un árbol (eso que ya conoce) está cayendo, salir corriendo, y tener consciencia de que ese árbol, donde se sube todos los días porque ahí estaba su casa, está caído y tiene que buscar otro lugar.

Los seres vivos tenemos conciencia e inteligencia a diferentes niveles, entre otros factores dependiendo de la complejidad de su sitema nervioso, directamente relacionado con la capacidad de recibir estímulos, procesar e incluso provocar emociones. Desde esponjas y medusas que son organismos más simples a pulpos con mayor inteligencia, perros, cerdos y delfines ya presentan rasgos sociales y capacidad más evidente para nosotros de tener sentimnientos, hasta llegar a primates y humanos donde aparecen además el lenguaje complejo, pensamiento abstracto, autobiográfia mental, planificación a largo plazo, imaginación simbólica, el "yo". Sumamos que los humanos desarrollamos cultura acumulativa y sistemas simbólicos extremadamente complejos.

La conciencia de un animal con sistema nervioso más simple suele estar más centrada en el presente y en lo que existe realmente, los humanos tenemos una capacidad mayor para abstraernos, esto es una cualidad útil, por eso podemos estar leyendo esto, pero tratemos de identificar cuando esto juega en nuestra contra. Tal vez hablamos de que otros seres distintos al humano, incluso aquellos que manejen de alguna forma imágenes también, tienen una experiencia generalmente más cercana a la existencia tal y como sucede, podríamos decir que están más ahí.

Nótese que cuando decimos sucede ya es una imagen, estas palabras también lo son, y por lo tanto andamos inmersos en estas imágenes. Mientras leemos esto somos el humano viendo caer el árbol. Las imágenes que usemos en cada instante, cuando necesitemos usarlas, serán las que acoten nuestra experiencia de lo que está existiendo.

Las imágenes parecen inevitables.

Soy un animal y estoy al borde de un precipicio, quiero llegar al otro lado, que está a una considerada distancia. La imagen de mí mismo puede ayudarme a no caer por el precipicio si estoy seguro, porque he saltado muchos precipicios, de que si salto no voy a llegar; esta conciencia la compartimos los animales de forma generalizada. Esta imagen, al menos a priori, podríamos decir que es una imagen de nosotros mismos constructiva, pro-vida, imágenes direccionadas a la conservación del propio individuo en su entorno.

Una persona con miedo a hablar en público, que piense estar padeciendo glosofobia, no hablará en público o tendrá miedo al hacerlo porque mientras transcurre ese momento de la existencia está valorando una imagen de sí misma.

En la existencia cada persona es como se determine en cada momento, y lo único que impide que se determine sin tener miedo en este caso (generalizable a muchos otros supuestos) es la imagen que tiene de sí mismo y/o de su alrededor. Digamos que en este caso la imagen usada es destructiva. Infunde miedo y provoca sufrimiento e incapacidad para experimentar la existencia de forma cercana. Su imagen acota su realidad, la experiencia de lo que existe, anulando las posibilidades que habría de existencia en el caso de tener una imagen distinta o no tenerla.

Si el animal que quiere saltar el precipicio duda, estando perfectamente capacitado físicamente, porque el miedo no le deja saltar por una experiencia anterior, digamos traumática, es sólo la imagen la que no permite que suceda lo que podría suceder. Esa imagen, y por ende su realidad, únicamente "está siendo creada" por él.

El miedo que sentimos al ver por el rabillo del ojo una forma sinuosa moviéndose en el suelo nos protege antes de que determinemos que sea una serpiente.

¡Daremos un salto antes de que "sea" una serpiente!

Ese es un miedo constructivo e innato, que nos salvaguarda de la muerte directamente.

Tenemos pocos miedos lógicos que podamos defender tan claramente como los innatos.

El sentido de salvaguardarnos del peligro lo hemos ampliado de forma enfermiza a un sinfín de imágenes sin una lógica coherente, natural, y tenemos la experiencia de peligro en muchísimas situaciones por esas imágenes. En el transcurrir de nuestra experiencia en la vida, se encuentra de forma continua el miedo.

Son funestas las consecuencias de superponer imágenes que nos conducen a miedos ilógicos entre la existencia y nuestra experiencia, y esto es una imagen en sí misma, indudablemente.

Imágenes superpuestas, unas formalizadas por otras, muchas interconectadas entre sí, diferentes capas de complejidad, que ya parten de raíz de miedos ilógicos. Hemos generando un nivel tal de imágenes, que queda distorsionada completamente nuestra experiencia existencial.

Lo opuesto al miedo, el amor, sucede cuando en la experiencia no se manifiestan miedos, al menos, supongamos, ilógicos. Podríamos considerar que los miedos que llevan a un individuo a salvaguardarse, salvaguardarse a niveles lógicos -correr para que el árbol no te caiga encima-, no suelen ser desadaptativos a nivel general, ni siquiera deben suponer abstraerse de la realidad que les acontece. Dan lugar durante la existencia y por lo que sucede en esa existencia misma, y tal vez quepa una intuición sentida, por la experiencia, sin conceptos, sin imagen, también.

Cuando nos sentimos mal podemos descubrir que en la mayoría de casos será una o varias imágenes creadas las que nos hieren de algún modo y, escarbando un poco, encontraremos un miedo infundado. Un miedo que no tiene lugar en la existencia, que no se corresponde con lo que existe en ese momento, proviene de una imagen que necesita del pasado para ser (recuerdos), del futuro (proyecciones) o de ambas.

Démonos cuenta que prácticamente todo lo que nos hace sentir miedo son imágenes, auténticas paranoias que provocan nerviosismo, ansiedad, vergüenza, ... la mayoría ¡que son muchísimas! concluyen en un miedo infundado...

Quitémonos todas las paranoias, tan sencillo, no hay más.

Y toda explicación que intentemos darle, como esta, puede dar lugar a más imágenes creadas encima. Tal vez necesitemos de unas cuantas para poder integrarlo, pero sabiendo que deberemos deshacer el camino, porque es mucho más fácil de lo que nos lo montamos. Solemos tener una imagen de que es muy costoso acercarnos a la existencia sin miedos, y la propia imagen -esta creencia limitante- nos complica el camino buscando complejas soluciones.

Encontraremos imágenes hasta en el ámbito de terapias dirigidas a la búsqueda del ser, ahí es fácil encontrarnos con "tú eres eso, abrázalo". Identificaciones y determinaciones del ser y de los problemas, búsquedas en diversos pasados y proyecciones hacia futuros.

Simbolismos y rituales. Todo son imágenes.

Es posible que sintamos que terapias de crecimiento personal nos ayude a dar pasos, a conocernos a nosotros mismos..., cierto, y hagámoslo sabiendo que es posible que palie el miedo que nos ha llevado a hacer la terapia, y es posible que haya también un autoconvencimiento y la posible generación de una nueva imagen más, y más compleja aún que las anteriores, más difícil de desmontar, un paso más lejos de la simple existencia, donde "nada es". Complicamos la experiencia al buscar explicaciones de lo que nos sucede, del problema que tengamos, cuando el problema normalmente ni existe y nos perdemos en un mar de imágenes, sumando más y más de ellas para intentar comprenderlo y ponerle solución. Haciendo un guiño al pensador Nisargadatta, podríamos decir que, si vamos a la raíz: no hay solución, porque tampoco hay problema. El problema es sólo una imagen sostenida.

Tú no eres eso.

No eres.

Lo que crees que eres viene del pasado y ya no existe. No eres en el momento que existe, y no existe otro momento. Puede dar vértigo pensar en que uno no es, pero en realidad es poder sobre lo que te cuentas que es en cada momento único que existe. Primero está la existencia misma y luego tu abstracción, es ahí donde te cuentas. Y aquí está una de las claves indicadas desde el comienzo, mientras estás contándote lo que es o recordando lo que es, estás separado de la existendia misma que siempre sucede sin detenerse, el ahora.

Hemos creado nuestra concepción de ser porque, dado que somos una especie social, nos ayuda el recuerdo, la memoria y nuestras redes neuronales entrenadas y conectadas de determinada forma con el tiempo, a posicionarnos sobre quienes somos respecto a los demás y quiénes son los otros. Eso en mi opinión es ya irrefutable. La cuestión entonces es que, a veces, esto mismo también juega en nuestra contra (como lo hace la capacidad de abstracción de la que hablábamos antes).
Piensa que esa persona con miedo a hablar en público está ahora en un estado alterado de consciencia y de repente ya no siente vergüenza. En realidad esa capacidad ya estaba ahí, pero no era consciente de ello, no era accesible esa posibilidad. Pues bien, lo que le impedía esa posibilidad era el mero recuerdo de sí misma y de otras experiencias del pasado que ya no existen, y lo que parece adaptativo, se puede convertir en el sostenimiento perpetuo del miedo.

¿Y qué tal si con tu pensamiento y con tu sentimiento induces este cambio de consciencia?
Sí, es posible hacer el clic tú mismo en cualquier momento en tu mente y desde tu mente, porque sólo está ahí.
Por ejemplo: siente ese miedo, piensa ese miedo, analiza la imagen que tienes sobre eso, re-explícatelo de forma sincera y honesta contigo y con los demás. Si miras para otro lado, el miedo perpetúa, pero si lo destripas lo más probable es que destruyas esa creencia, borras la imagen, el concepto, lo que sea que provoque el miedo, porque la mayoría de las veces es infundado, como ya hemos dicho; estas imágenes no son la existencia, sólo son nuestras imágenes de ella.

Cada capa de imágenes genera un nivel más de complejidad que tendremos que desmontar para encontrarnos viviendo la existencia sin más. En el caso sano de la manzana, una capa de complejidad extra podría ser ademas analizar si hay avispas o no. O que en días de viento si el árbol es muy alto podrían caer las manzanas en tu cabeza. Estamos diseñados para tener imágenes mentales y diferentes capas de complejidad o variables ligadas a la imagen.

No caigamos en presentar una posible vivencia de la existencia sin imágenes, el vacío absoluto... Imágenes se nos presentan continuamente, convivimos con ellas todo el tiempo, muchas son necesarias en nuestro día a día, por ejemplo imagina que quieres comerte una manzana y te acercas a un manzano, si ha dado lugar ¿acaso no tienes una imagen creada de cómo debe ser la manzana para no estar ni muy verde ni muy madura?, esta imagen será creada, actualizada, modificada, ampliando complejidad con otras capas o variables de ella, como que en esa zona haya avispas y tengas que llevar más cuidado, o que el manzano sea alto y haga viento y las manzanas te golpeen la cabeza. Las usamos, todo el tiempo, pero usamos tambien aquellas que nos condicionan de forma negativa. Comencemos a atender a aquellas que nos hacen sentir mal si lo preferimos, parece más fácil porque nos afecta más. Filtremos y analicemos la lógica de los miedos e imágenes infundadas todo lo que podamos, ver si es pro-vida, o no, en cada caso (si nos llevará a actos en pro a la conservación de la vida, por ejemplo, o por el contrario, al sufrimiento), actuar sin ese miedo y ver las consecuencias: la liberación y responsabilidad a la que conlleva. Analicemos también aquellas imágenes que nos hacen sentir bien y caer en la autocomplacencia. Porque las imágenes positivas también nos distorsionan, acotan nuestra experiencia existencial, y serán la posible base de un miedo presente o futuro; donde hay una imagen positiva, se tendrá el miedo a que se extinga, que no ocurra o que no vuelva a ocurrir... y ya tenemos un miedo hacia algo que realmente no existe.

Ampliemos cuanto podamos nuestra experiencia del momento que existe, y ante la presentación de imágenes, analicémoslas y tomemos decisiones honestas con la vida.

Cuando no hay imágenes y no hay miedos infundados, hay amor, las realidades posibles se direccionan hacia la conservación de la vida y podemos experimentar la existencia de forma más cercana.

No existen niveles de amor, el amor no tiene grados, no se puede amar mal o bien, mucho o poco, con condiciones… se ama o no se ama. Cuando en el amor hay un miedo, una condición, ya no es amor, es una condición, una imagen de amor. El amor en sí mismo no tiene imagen, alguien experimentando un estado de amor, experimentando la existencia sin miedo, no piensa en una imagen, si algo fuera, sería existencia misma. El amor es la ausencia plena de miedos. Amaremos en aquellos momentos que no tengamos miedos.

Caemos comúnmente en pensar que los miedos nos protegen y son necesarios (sí, pero solo algunos) y, sin embargo, tendemos a pensar que desde un estado de amor estaremos "atontados" y caeremos una y otra vez en errores. Eso es otra imagen más, esta vez de la mano del enamoramiento. Esas son imágenes que nos han llevado a las personas a estar más cómodas hablando del miedo y desde el miedo que de amor y desde el amor. Fuera de la imagen de ese amor romántico, el amor es la ausencia de miedo, nada más. Desde un estado de amor tenemos la consciencia suficiente (y seguro más acertada) de nosotros mismos para escapar de las adversidades, a partir de un instinto, un impulso, una intuición, sin necesidad de llegar a la imagen, o desde imágenes constructivas. La adversidad podrá ser superada sin dudas, como en el primer ejemplo del precipicio, de forma natural, sin traumas, sin sufrimiento. La decisión de saltar al otro lado del precipicio la puedes tomar de forma fluida en el transcurrir de la existencia mientras te acercas a él.

Lo honesto con la vida nos lleva y viene de ese estado de amor por ella, por la experiencia cercana de la existencia en sí misma, nos llevará a la diversión, al disfrutar, al dolor sin sufrimiento, a la libertad.

La libertad que conocemos es una imagen creada en cada uno fundada a su vez en imágenes. La libertad está ligada a la responsabilidad. Cuando nos hacemos los únicos responsables de nuestra experiencia y nuestra propia existencia somos libres. Si hay tantas atrocidades en contra de la vida es precisamente por la pérdida de responsabilidad ante nuestra propia existencia en todos nosotros. Hemos hecho la gran mayoría una cesión sin límites de nuestra responsabilidad y por ende de nuestra libertad.

Es urgente, asunto muy serio, que cada uno se haga responsable de su propia experiencia existencial y sus actos, haciéndose libre a su vez, reduciendo su miedo, esto mejorará su experiencia y la de los demás también. Y no es difícil, cuando buceas o nadas te haces responsable de sacar la cabeza para respirar, pues hagámos lo mismo cuando buceamos en este mar de imágenes.

Podríamos ponernos a hablar de que vivimos en una realidad distópica provocada, de si hay o no intereses y control por parte de unos humanos hacia otros, pero construiríamos más imágenes conocidas. En realidad, la cuestión última es que está en cada individuo la responsabilidad de la extinción del miedo infundado, y si eso que experimenta ya no le produce miedo y ese miedo fuera el interés de alguien para ejercer control, ya no tendría control sobre él. Somos cada uno verdaderamente los únicos responsables. Y mirar afuera sería una nueva imagen inútil, sería derivar responsabilidad.

No hay conflicto entre dos partes cuando una parte no tiene miedo. Cuando hayamos integrado que nuestra realidad se fundamenta casi en su totalidad en imágenes creadas, y consigamos vivir y tomar decisiones con las mínimas necesarias y sin los miedos que las demás provocan, estaremos fuera de lo que es, fuera de las cosas que son y sus condiciones ilógicas, dejándonos llevar en el flujo existencial.


Estaremos simplemente existiendo y una infinitud de realidades se abrirá camino ante nosotros.



Por Francisco J. García.

- Reflexiones -